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Los cigarros del faraón 1934 

En 1906, los científicos británicos Howard Carter y Lord Carnarvon comenzaron una serie de excavaciones en el Valle de los Reyes de Egipto, situado cerca de Karnak y de Luxor, en busca de alguna de las pocas tumbas invioladas que suponían que quedaban todavía en el lugar. Después de algunos años de fracasos y búsquedas infructuosas -que incluso llevaron a Lord Carnarvon a pensar en retirar la financiación de las excavaciones-, en noviembre de 1922 se produjo un descubrimiento espectacular: la tumba del faraón Tutankamon.

Lord Carnarvon falleció a causa de una neumonía poco después del descubrimiento, y siete años más tarde casi todos los participantes en la expedición habían muerto, lo que dio lugar a todo tipo de especulaciones y leyendas acerca de una supesta maldición del faraón por haber sido profanada su sepultura. Algunos científicos formularon una hipótesis para intentar explicar estas muertes, basada en un virus presente en el interior de la tumba.

El asunto del descubrimiento de la tumba y las posteriores muertes de los expedicionarios causaron un gran impacto en todo el mundo a principios de los años 30, y los periódicos sensacionalistas de la época se encargaron de difundir todo tipo de teorías acerca de una maldición faraónica según la cual la desgracia perseguiría a aquellos que hubiesen profanado la tumba. Estas muertes, unidas al hecho de que esta tumba hubiera permanecido tanto tiempo sin ser descubierta hicieron que mucha gente diese cierta credibilidad a estas historias y llevarón a Hergé a escribir una nueva aventura ambientada en este entorno. Tanto impresionó este tema a Hergé que algunos años más tarde lo volvió a tratar en "Las siete bolas de cristal".

"Los cigarros del faraón" comenzó a publicarse en Le petit Vingtiéme el 8 de diciembre de 1932, con el título de "Las aventuras de Tintín en Oriente". Durante un viaje de placer al extremo Oriente Tintín conoce a un extravagante egiptólogo -Filemón Ciclón- que va en busca de la tumba del faraón Kih-Oskh, animado por la misteriosa desaparición de todos los científicos que habían intentado la búsqueda anteriormente. En su intento de ayudar al egiptólogo, Tintín se verá mezclado en la lucha contra una banda inernacional de traficantes de drogas que tiene en la tumba del faraón uno de sus escondrijos. En esta historia aparecen por primera vez Hernández y Fernández, aunque en la primera edición tenían los nombres X33 y X33bis (su aparición en la primera viñeta de "Tintín en el Congo" se produce sólo en la segunda edición de este álbum), y también una serie de personajes que luego tendrán su importancia en el resto de aventuras de Tintín, como el vendedor Oliveira de Figueira, el sicario malvado Allan y el magnate griego Rastapopoulos, eterno enemigo de Tintín.

En 1955 el álbum fue totalmente redibujado en color y Hergé elimina algunas escenas, como las de Tintín luchando contra un enjambre de serpientes o una en la que duerme junto a una mesa tumbada para evitar ser alcanzado por una flecha con el temible veneno Radjaidjah.

Este álbum supone un salto cualitativo muy importante en el desarrollo de las aventuras de Tintín: por un lado es el primero que no tiene ninguna motivación propagandística, lo que permite a Hergé desarrollar todo su talento como narrador y dibujante, ya liberado del yugo que suponían las imposiciones algo panfletarias de la dirección de Le Vingtiéme Siécle. Por otro lado el guión está mucho más pensado y elaborado, y por primera vez se vislumbra una historia consistente donde el autor sabe desde el primer momento hacia dónde se dirige, lejos de las puras sucesiones de gags que fueron sus historias anteriores, especialmente las dos primeras. Todo esto, junto al halo de misterio que rodea a la historia y a sus personajes y unido al exotismo de los escenarios donde transcurre, hace que "Los cigarros del faraón" sea posiblemente -junto con su continuación, "El loto azul"-, uno de los mejores álbumes de esta primera etapa de Tintín, antes de la aparición del capitán Haddock.

Hergé, "Le Crapouillot" y las sociedades secretas

Le Crapouillot fue una revista creada por el francés Jean Galtier-Boissiére en 1915. Comenzó siendo un pequeño panfleto destinado a arengar a la población civil francesa durante la Primera Guerra Mundial, en el periodo de entreguerras se convirtió en una revista satírica, a veces acusada de reaccionaria, y acabó siendo una revista de actualidad que trataba todo tipo de temas, especialmente todos aquellos que resutaban llamativos, misteriosos o polémicos.

Esta revista tiene una importancia vital en la primera etapa de las aventuras de Tintín ya que Hergé era un lector habitual y de ella sacó gran parte de sus ideas y de la información necesaria para sus relatos. Casi todos los asuntos que se tratan en esta primera etapa de Tintín -tráfico de armas, tráfico de drogas, falsificación de moneda, sociedades secretas- eran algunos de los temas en los que profundizaba dicha revista, y concretamente éste último -el de las sociedades secretas- debió causar un impacto especial en Hergé, ya que en mayor o menor medida está presente en casi todas las primeras obras de la serie de Tintín: Los Aniotas en "Tintín en el Congo", los Hijos del Dragón en "El loto azul", y sobre todo los encapuchados que lucen el símbolo del faraón Kih-Oskh en sus túnicas moradas en "Los cigarros del faraón".

El álbum completo, en su edición en facsímil en castellano publicada por Casterman en español, en 2003 (actualmente descatalogada y prohibida su venta), puede hojearse a continuación. La intención no es otra que divulgar la obra del maestro Hergé, y contribuir con su difusión a encender el interés de nuevos aficionados a las aventuras de Tintín para que corran a su librería más cercana a comprar sus álbumes.

Sin duda, leyéndolos en papel es como verdaderamente se disfruta de sus historietas:  


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