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Tintín en el Congo 1931 

El gran éxito que tuvieron las entregas semanales de "Tintín en el país de los soviets" y las grandes posibilidades propagandísticas que ofrecían estas publicaciones llevaron a Norbert Wallez, director de Le Vingtième Siècle, a encargar a Hergé una nueva aventura, esta vez en el Congo Belga. La intención de Hergé era escribir algo sobre América, y concretamente sobre la situación de los indios nativos en Estados Unidos, pero el afán de la dirección de Le Vingtième Siècle por difundir entre sus lectores las bondades del colonialismo belga y de fomentar la marcha de mano de obra que allí escaseaba motivaron esta imposición al creador de Tintín. En la siguiente publicación, "Tintín en América", Hergé al fin conseguiría su propósito.

Como introducción, y para ayudar a situar el relato en el contexto real de la época, hablaremos sobre la historia del Congo:

El Estado Libre del Congo fue un territorio adquirido por el rey Leopoldo II de Bélgica a raíz de la Conferencia de Berlín de 1885. Durante muchos años lo explotó como una propiedad privada, siendo el gran negocio la exportación de caucho ante la gran demanda que se producía en occidente para la fabricación de neumáticos. La explotación durante este período fue brutal y se calcula que unos diez millones de congoleños murieron debido al trato inhumano y a las enfermedades. Las denuncias al respecto y una gran presión internacional consiguieron que en 1908 Bélgica lo adoptara como colonia.

Una vez convertido en el Congo Belga, la situación mejoró considerablemente. Se crearon servicios públicos como hospitales o escuelas, a los que todos los congoleños tenían acceso. También se crearon todo tipo de infraestructuras como ferrocarriles, puertos, caminos, etc. y la esperanza de vida ascendió hasta los 55 años (hoy día es menor de 30). Esta situación de prosperidad duró hasta 1960, año a partir del cual una serie de acontecimientos políticos y crisis internas desembocaron en la independencia y la creación del Estado de Zaire (1965). Como en otros tantos estados africanos, la recién adquirida independencia provocó una situación permanente de inestabilidad en la que se sucedieron periodos de relativa calma con otros de luchas internas, guerras, hambrunas y dominio de dictadores como Joseph-Desiré Mobutu.

En 1997 el líder rebelde Laurent-Desiré Kabila, derrocó a Mobutu y proclamó la República Democrática del Congo. Poco le duró su mandato ya que fue asesinado en 2001 y reemplazado en el poder por su hijo Joseph Kabila. Desde entonces y hasta la actualidad la República Democrática del Congo vive un periodo de paz frágil e inestable. En julio de 2006 se celebraron las primeras elecciones multipartidistas desde la independencia en 1960, elecciones democráticas aunque de dudosa transparencia según los observadores internacionales.

La República Democrática del Congo es el segundo país africano en producción de diamantes, después de Botswana, lo cual provoca no pocos conflictos internos debido a las luchas por controlar dicha producción y distribución. Este hecho también se refleja en cierta forma en "Tintín en el Congo", ya que al protagonista le toca luchar contra una banda gangsters dirigidos desde Chicago por Al Capone que pretenden controlar la producción de diamantes en el país.

La primera edición de "Tintín en el Congo" comenzó a publicarse en las páginas de Le Petit Vingtième en 1930, durante la época colonial belga. El retrato que Hergé hace del Congo es una mezcla entre la prosperidad real que se vivía en la época y el paternalismo complaciente del país colonizador; al fin y al cabo ésta era exactamente la versión del Congo que quería difundir Le Vingtième Siècle. Se muestra un país en modestísimo desarrollo en el cual los ingenuos negritos nativos profesan una admiración y agradecimiento infinito hacia su "madre patria". Como ejemplo, el pasaje donde el rudimentario coche de Tintín hace descarrilar a un no menos rudimentario tren que finalmente es reparado gracias al ingenio y el temple del salvador "hombre blanco".

Como se ve, esta primera edición tenía unos tintes colonialistas que hoy difícilmente pasarían el filtro de lo "políticamente correcto", aunque este hecho no debería criticarse sin tener en cuenta la mentalidad y circunstancias de la época. De hecho Hergé -ya sin las imposiciones de Le Vingtième Siècle ni de Norbert Wallez- redibujó totalmente el álbum en 1946 suprimiendo en gran parte este tono colonialista.

El propio Hergé reconoció en una entrevista que escribió el libro desde la ignorancia que tenían los belgas de la época acerca de la vida en sus colonias. La gente imaginaba aquellos lejanos países como territorios habitados por unos negritos que eran "niños grandes" y que contaban con la gran fortuna de haber sido colonizados.

Es por esto que "Tintín en el Congo" no se puede considerar un buen documento histórico sobre la vida en el Congo en los años 30, pero sí un excepcional testimonio de cómo imaginaban dicha vida los europeos. Debido en parte a todo esto, aunque también a lo anodino y exagerado de la historia, este álbum cayó en desgracia en los años 50 y fue francamente difícil de encontrar durante mucho tiempo, hasta que llegaron las reediciones de los años 70. Incluso Hergé llegó a dibujar versiones especiales para los países escandinavos, cambiando algunas escenas que allí se consideraron excesivamente sanguinarias para los niños (escena del rinocerante dinamitado que en la edición actual -2012- ha sido sustituida también en los ejemplares españoles).
Los animales en esta aventura son contínuamente maltratados, despreciados y tratados como seres molestos y detestables que finalmente reciben su merecido. Hoy en día difícilmente se autorizaría la publicación de una obra con esta visión tan primitiva del mundo animal.

En cuanto a la historia en sí no tiene gran interés, limitándose en muchos casos a ser simplemente la excusa necesaria para plasmar la sucesión de gags y hazañas de Tintín en un viaje a África que comienza siendo puramente profesional (va a realizar una serie de reportajes sobre el continente) y desemboca en la persecución de una mafia dirigida desde Chicago. En este sentido está mucho más en la línea de "Tintín en el país de los soviets" que en obras posteriores de Hergé, con guiones y argumentos mucho más imaginativos y elaborados.

Como curiosidad hay que mencionar que en la segunda edición Hergé introduce en la primera viñeta a Hernández y Fernández, que en los álbumes originales no aparecen hasta "Los cigarros del faraón". Además, entre la multitud que despide a Tintín en esta primera viñeta (en ambas versiones) aparecen también otros personajes: el propio Hergé, Quique y Flupi.

El álbum completo, en su edición en facsímil en castellano publicada por Casterman en 2003 (actualmente descatalogada y prohibida su venta), puede hojearse a continuación. La intención no es otra que divulgar la obra del maestro Hergé, y contribuir con su difusión a encender el interés de nuevos aficionados a las aventuras de Tintín para que corran a su librería más cercana a comprar sus álbumes. Sin duda, leyéndolos en papel es como verdaderamente se disfruta de sus aventuras:  


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